Los colombianos no debemos dejar pasar por alto las investigaciones de corrupción que se dieron a conocer en este periodo de aislamiento, la infinidad de procesos que precluyeron a líderes políticos que se creían casi «intocables». Es un deber nuestro de seguir ejerciendo presión a Jueces y Magistrados que sin ninguna razón archivaron dichos procesos de manera folclorica.

Al parecer esta crisis mundial ha sido cómplice de las barbaridades corruptas y deplorables que el Gobierno Nacional quiere tapar con un dedo, haciéndonos creer que «todo está bien». Los innumerables ministros, y altos funcionarios que hoy manejan miles de millones en sus carteras se están aprovechando de una crisis que aparentemente tiene más solución que la corrupción. Nunca antes, en la historia de Colombia, una administración nacional había sido tan cínica, indolente, he incapaz de jugar con las emociones de una crisis como esta. Las únicas propuestas que cumple Duque son las privadas, las que hizo a puerta cerrada, los convenios con grandes banqueros y empresas multinacionales que exigen la reciproca parte por su participación en la campaña de este mismo. Lo que si es cierto es que la corrupción ya hace parte de la cultura nuestra, desde los grandes contratos como los Nule, Odebrecht, InterBolsa, Reficarz entre otros, que se convirtió no solo en una caja menor de dichos beneficiarios, sino en el contrato preferido de testaferros y lavadores de millones de dólares.

Acaba el año con buenas noticias, por el el descubrimiento de la cura del COVID, pero aún no tenemos la de la corrupción, al parecer nosotros mismos somos la cura, ejerciendo nuestro derecho democrático sin temor a un cambio.

Fabio Andres Sandoval.

Deja un comentario